El arte de la relación en la ciudad

ISSN: 2007-5316

El arte de la relación en la ciudad

A partir de la Revolución Industrial, a mediados del siglo XVIII, las ciudades contemporáneas y sobre todo las megalópolis como la Ciudad de México, se han ido convirtiendo en sitios de exclusión —donde la individualización del espacio y su caracterización, cada vez más clasista, ha provocado diversas lecturas y connotaciones que poco o nada contribuyen en la construcción de una identidad común—.

Durante el siglo pasado, arquitectos y urbanistas intentaron construir ciudades más equitativas desde una perspectiva funcionalista, según la cual las funciones de la ciudad y la unidad arquitectónica — definidas desde un pragmatismo neutro y universal, responderían a las necesidades de las sociedades en su conjunto y, sobre todo, ofrecerían a la gente un contexto igualitario en donde todas las personas encontrarían la oportunidad de interactuar entre ellas y con la ciudad, desde una misma categoría ciudadana.

La realidad de la vida comunitaria en las grandes ciudades es muy diferente, el espacio urbano actual, dominado por el automóvil y la agrupación de conjuntos arquitectónicos de vocación especializada —zonas de habitación, de comercio, de industria, de servicios y una estratificación cada vez más excluyente— carece de una estructura articulada y eficiente que permita el encuentro de las personas en un contexto de familiaridad, belleza e interacción social.

En el centro de tales reflexiones, se encuentra la ausencia de la puesta en valor y el manejo inadecuado del espacio público urbano, cuya naturaleza proviene de la necesidad de reunirse que siempre ha tenido la humanidad —en los barrios tradicionales o cascos antiguos se manifiesta con mayor vigor y se extiende a los jardines públicos, plazoletas, plazas y parques, lo cual constituye el paisaje urbano—.

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